lunes, 18 de noviembre de 2013
Habitación del ordenador
Las chicas de mi clase no son muy inteligentes. Aunque saquen buenas notas no van a durar mucho en la universidad. Solo les interesa la manera de hacer las cosas, no como se hacen. Estudian para aprobar, no para aprender. El talento no se aprende. Después llegarán a la universidad y llorarán mucho. Y perecerán. Y la dependencia que tienen unas con otras es asombrosa. A y L se ayudan en todo, se sientan en clase las dos juntas. Incluso se ríen las gracias mutuamente y sin excepción por los grupos de WhatsApp. Eso me hace preguntarme si tienen algo más que una relación de amistad fuera de lo común. A tiene novio, pero eso no indica nada. Una cosa curiosa es que A cada vez que está concentrada en algo tiene una manía de jugar con su lengua. Me pregunto que hará con ella si está concentrada comiendo un coño o un pene. Cada día que me siento en clase de historia admiro como en vez de madurar Y, C e I acaban involucionando un poco más cada día. Eso me distrae de mis objetivos académicos. "Somos unas perras". En todos los sentidos he pensado yo. Y creo que no me equivoco. Me pregunto si en algún futuro cercano se impartirá justicia entre estos seres. Justicia, que utopía más deseada. Parece como si no recordasen que les engañé vilmente el viernes. Creo que es cosa de la Dama Fortuna. No razonan y en lo único que piensan es en comida y siestas. No tienen otros fines en la vida. Viven el presente. Yo no lo intento vivir, porque mi presente es un presente que me desagrada. Por eso me preparo para el futuro. Y quiero que ese futuro sea lo más perfecto posible.
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